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12 sept 2017

Inmortales de la Literatura: Mina Loy




Behind God’s eyes / there might / be other lights

[Tras los ojos de Dios / puede haber / otras luces]

(Cantos a Joannes, VIII –traducciones propias–)




La obra de Mina Loy (1882-1966) fue una búsqueda constante, tanto en la poesía como en la propia vida. Nació en Londres, de madre inglesa y padre judío. Desde su infancia tuvo que batirse entre dos opuestos muy diferenciados: por un lado, no había otro remedio que lidiar con la estricta moral victoriana y ya algo desfasada que mantenía con empeño su madre y, por otro, el impulso artístico y el creciente sentimiento de desarraigo que invadía diariamente a su padre, mientras el antisemitismo cobraba cada vez más importancia en la Europa de finales del siglo XIX.

En 1900, tras estudiar en Londres y Múnich, se instaló en París, donde conoció al fotógrafo Stephen Haweis. Tuvieron una hija que falleció con apenas unos meses. Siete años después de llegar a París, junto a su marido, se marchó a Florencia. La ciudad italiana supo reconocer su genio; se codeaba con los grandes artistas expatriados que vagaban por las calles florentinas –Gertrude Stein, Mabel Dodge…– y se contagió de todo aquel florecimiento vanguardista que comenzaba a erguirse con una fuerza impresionante desde los círculos de artistas e intelectuales de la época. Fue allí donde conoció al precursor del Futurismo, Tommaso Marinetti, y a Giovanni Papini, a quien dedicó sus Cantos a Joannes (1917).

Los casi diez años que pasó en Florencia (1907-1916) fueron los de mayor crecimiento personal, al mismo tiempo que para las Vanguardias: el fascismo comenzaba a abrirse paso en la política y la Primera Guerra Mundial arrasaría Europa. El arte, y en especial la poesía, se alejaban de aquella concepción victoriana tan subjetiva e incluso inocente que no había soportado el cambio de siglo. A comienzos del siglo XX, la poesía no se vivía como una representación de las emociones o la subjetividad del poeta. Ahora, en cambio, ante un Mundo antiguo que se tambaleaba y estaba a punto de caer, la poesía necesitaba una fuerza –una violencia incluso– a la que no se había prestado hasta entonces. Era la época de los manifiestos, donde la palabra tenía el propósito de mover, de incitar y remover los órdenes: Marinetti publicó en 1909 su Manifiesto futurista, donde ensalzaba el dinamismo, la potencia, apoyaba la guerra y desdeñaba a las mujeres.




A éste respondió Loy en 1914 con su Manifiesto feminista, un texto que no llegó a publicar en vida y que sin embargo fue la base y voz de las mujeres dentro del movimiento vanguardista. En este manifiesto, Loy reivindica con extrema sinceridad y convicción la situación y la sexualidad de las mujeres, algo que por entonces se consideraba tabú, y desde luego no pasó desapercibido:

Mujeres, si queréis realizaros, [….] todas vuestras concepciones han de ser desenmascaradas –las mentiras soportadas durante siglos tienen que desaparecer– ¿estáis preparadas para el Esfuerzo?

Por aquel entonces la línea poética e ideológica de Loy ya estaba definida: formaba parte de toda aquella subversión vanguardista que se estaba gestando y propugnaba con vehemencia el cambio en una moral y un mundo en ruinas. El papel de la mujer, sin embargo, y a pesar de los numerosos nombres femeninos que llenaban las listas de las Vanguardias, se limitaba por entonces a una inspiración para el artista masculino, a un objeto del que poder echar mano de vez en cuando y que se mantenía sólo a la sombra de los grandes nombres masculinos.

Desde Italia envió trabajos para numerosas publicaciones vanguardistas tanto europeas como estadounidenses –Camera work, editada por Stieglitz; Trend, en la que publicó junto a Djuna Barnes…–. En la neoyorquina Trend publicó uno de sus poemas más definitorios y controvertidos: "Parturition" [Alumbramiento] (1914), donde reivindicaba la sexualidad femenina mediante la descripción de un parto. Es un poema, como toda su obra y vida, fluctuante, ambiguo, lleno de convicción e inseguridad, en el que trata por primera vez un tema que nunca se había presentado en poesía, reivindicando unas ideas rompedoras en ese momento y tremendamente actuales si se leen hoy:

I am the centre / of a circle of pain / exceeding its boundaries in every direction // The bussines of the bland sun / has no affair with me

Soy el centro / de un círculo de dolor / que sobrepasa sus límites en todas direcciones // Los asuntos del tierno sol / no tienen nada que ver conmigo

Loy formaba parte de una –paradójica– vanguardia tremendamente conservadora, que acabó politizándose y que prometió romper moldes cuando solamente los mantuvo, y ni siquiera los asuntos del tierno sol se interesaban por aquella situación sofocante en la que vivía.

Tras el estallido de la guerra, Loy se dirige a Nueva York, donde ya había conseguido suficientes contactos por sus diversas publicaciones en revistas. En Nueva York floreció del todo: la ciudad era un vaso a punto de colmar. Las exposiciones vanguardistas ganaban cada vez más terreno. En 1917, el mismo año en que Loy llegó a la ciudad, la Society of Independent Artists rechazó el famoso urinario que Duchamp presentaría con un R. Mutt escrito en el lateral y que Mina Loy elogiaría más tarde en el segundo número de The blind man; William Carlos Williams, Ezra Pound y T. S. Eliot guiaban el rumbo de la literatura norteamericana modernista y elogiaban la obra de Loy desde sus primeros trabajos; la Modern School, fundada en 1911 por una asociación anarquista de la que formaba parte la activista Emma Goldman, llevaba más de seis años funcionando en un local de Harlem antes de la llegada de Loy. Aquella escuela, donde se impartían clases gratuitas de pintura, filosofía, literatura, educación sexual y entre cuyos profesores se encontraban nombres como los de Jack London, la ya mencionada Emma Goldman, Lola Ridge o Louise Bryand, ayudó a que todo un movimiento librepensador y cultural se alzara frente a las estrictas reglas morales de la época. De allí salieron nombres como Man Ray o Edward Hooper, que solían reunirse con Duchamp en la cafetería de la escuela. El ambiente cultural era un hervidero, y toda la grandeza y la potencia de aquella vida supieron abrirse camino ante sus ojos.

El mismo año de su llegada conoció a Arthur Cravan, un excéntrico poeta-boxeador que se autoproclamaba sobrino de Oscar Wilde, medía casi dos metros y destilaba la misma agresividad que delicadeza, al que Loy más tarde caracterizaría de «monstruo tan adorable como Venus». En poco tiempo se conocieron y decidieron huir en barco para recorrer toda Sudámerica. Loy estaba embarazada por entonces y marcharía en tren. Cravan, por su parte, alquilaría un viejo barco y llegaría hasta Chile, donde se iban a encontrar. El extraño poeta-boxeador zarpó de un pequeño puerto del Pacífico y nunca más volvió, cerrando su disparatada vida de la única forma en que podía cerrarla. Sin embargo, lo que para él fue un broche dorado, para Loy supuso un tremendo golpe del que jamás se recuperaría del todo y que, junto a la antigua pérdida de su hija en Europa, marcó el rumbo de toda su vida.

Durante los años veinte seguiría publicando en las revistas más controvertidas de Nueva York, como The Little Review, que pronto sería censurada por la publicación del Ulysses de Joyce. Los movimientos vanguardistas seguían construyéndose y el círculo de Loy también: Tritan Tzara y el dadaísmo elogiaban a su marido desaparecido, algo que no provocó nada bueno en Loy. El ambiente neoyorquino tras la guerra se le presentaba extraño y decidió volver a Europa.

Loy se instalaría en uno de los principales focos culturales de la postguerra: la vibrante París. Allí publicó en las revistas de mayor renombre y prestigio de la época. Conoció a Freud en Viena, entrevistó a Djuna Barnes y entabló una amistad duradera con Peggy Guggenheim. Su nombre aparecía junto a los de E. E. Cummings, Eliot o Joyce. En 1923 publicó su primer poemario: Lunar Baedeker. Las Baedeker eran guías de viaje muy utilizadas a principio de siglo en el mundo anglosajón, donde se presentaban actividades interesantes y recomendaciones.

Lunar Baedeker es la publicación más vertebral de Mina Loy, es un manifiesto surrealista sin el nombre, complejísimo y ambiguo, lleno de simbolismo, donde se arrastran los conceptos hasta el absurdo. En esta guía lunar Loy realiza un recorrido por un paisaje nocturno, lleno de luces, donde todo es posible y las direcciones no existen –apenas utiliza preposiciones y cuando las emplea parece que lo hace de forma casi aleatoria–, inventa palabras –stellectric [esteléctrico] surge de la unión entre stellar y electric–, mezcla conceptos de la literatura clásica con los avances tecnológicos de su época...

Loy realiza la descripción de un lugar tranquilo, con posibilidades, y sobre todo desconocido por el lector. Sin embargo aquella Luna que presenta Loy va mucho más allá: la Luna, símbolo continuo de la feminidad, aparece aquí como el motivo principal del poemario, cuyo título no es otro que el de una guía de viajes; Mina Loy realizó una guía de viajes presentando las características y lugares de un mundo hasta entonces desconocido y evitado, del que ella misma formaba parte y que no era otro que el de la feminidad.

A comienzos de los años treinta dejó de escribir y se dedicó a la decoración de lámparas, apoyada y protegida por su amiga Peggy Guggenheim. Ante el corcoveo del tiempo Loy era una fuerza batiéndose continuamente entre dos polos. Una fuerza ambigua y excéntrica, fluctuante, que pudo analizar y descifrar el rumbo que seguían su vida y su obra –pues no diferenciaba una de otra–. Asumía y contemplaba una realidad que se desmoronaba ante ella, de la que muchas veces no se le hacía partícipe, y supo plasmarlo en su poesía. Supo detenerse ante todo aquello que se le presentaba y concederle vida. Supo despegarse y enfrentarse a toda aquella moral decimonónica que vivía como una carga en todos los círculos en que se encontraba. Nunca se separó de la Luna, del ondular constante en que estaba inserta y mediante el cual encontró una vía para retratar todas aquellas luces que había Tras los ojos de Dios.

A continuación incluyo mi traducción del poema que da título a la colección Lunar Baedeker:

Un lucifer de plata

ofrece

cocaína en cornucopia

a unos sonámbulos

de adolescentes muslos

envueltos

en satíricos ropajes

Peris en uniforme

preparan

el Leteo

para advenedizos póstumos

Avenidas delirantes

se iluminan

con lámparas

de infusorios

de la tumba del Faraón

llevan

a últimos días de mercurio

odioso oasis

en fruncido Fósforo

la luz blanca del cielo

del barrio de color blanco

de lunares lujurias

señales esteléctricas

"alado espectáculo en la Escalera"

"carrusel zodíaco"

ciclones

de polvo extático

y cenizas levantan

cruzados

desde ciudadelas alucinatorias

de cristal roto

a cráteres evacuados

un rebaño de sueños

pace sobre la Necrópolis

desde las orillas

de ovalados océanos

al Oriente oxidado

odaliscas con ojos de ónice

y ornitólogos

contemplan

el vuelo

de un Eros obsoleto

y la "Inmortalidad"

enmohece

en los museos lunares

"cíclope nocturno"

"concubina de cristal"

cicatrizada en personificación

el fósil virgen de los cielos

crece y mengua–


Fuente: El vuelo de la lechuza

11 sept 2017

Inmortales del Arte: Camille Claudel




La belleza y el talento de la obra artística de Camille Claudel se vio siempre ensombrecida por la tormentosa relación que mantuvo con su mentor y amante Auguste Rodin. Un amor enfermizo en el que el gran escultor no supo entender nunca los profundos sentimientos de una mujer que habría dado su existencia por él. Con promesas incumplidas de amor eterno, Rodin mantuvo a su joven alumna a su lado a pesar de no querer nunca abandonar a su verdadera pareja, Rose Beuret. En el plano artístico, a pesar de que Camille se situó a la altura del maestro y creó esculturas de alto valor, siempre se le supuso menos capacidad que a Rodin, quien muchos creyeron autor verdadero de su obra. Como en muchos otros casos, es más que probable que si Camille Claudel hubiera nacido hombre, otro hubiera sido su reconocimiento. 

Camille Claudel nació el 8 de diciembre de 1864 en Fère-en-Tardenois, Aisne. Desde bien pequeña disfrutaba moldeando el barro como si fuera un juego. Pero ya entonces empezó a mostrar su gran capacidad para reflejar en aquel material inerte los rostros de sus seres queridos. Lo que empezó como una mera distracción, se convirtió en una pasión que no gustó en absoluto a su familia, quienes esperaban de ella que siguiera el camino de las chicas de su tiempo, el que las dirigía exclusivamente al interior del hogar.

La joven aspirante a escultora encontró su oportunidad cuando la familia Claudel se trasladó a vivir a París. Corría el año 1881 y Camille tenía diecisiete años. Con la ayuda de su hermano, quien fue siempre su principal apoyo, el que se convertiría en el famoso escritor Paul Claudel, fue admitida en la Academia de Arte dirigida por Alferd Boucher donde un reputado escultor ejercía de maestro. Era Auguste Rodin y pronto se percató del talento artístico de la joven Camille a la que incorporó sin dudarlo a su equipo de trabajo.

De alumna pasaría pronto a convertirse en musa, para escándalo de su madre tradicionalista, pues el rostro de Camille empezó a aparecer de manera constante en la obra de Rodin. Y de musa, a amante, viviendo un tiempo dorado y soñado por aquella niña que jugaba a ser escultora. Camille Claudel se convirtió en compañera del gran escultor al que acompañaba a las reuniones artísticas de la capital y del que aprendió el arte de esculpir llegando a alcanzar, sino superar, el talento de Rodin. 


La Edad Madura

Fueron años de amplia creación artística por parte de la ya escultora Camille quien, sin embargo, era objeto de comentarios desafortunados que ponían en duda su capacidad artística. La sombra del maestro era demasiado larga y muchos pensaron que sus geniales creaciones eran obra de Rodin o realizadas con su ayuda. Era impensable que aquella joven hermosa y de aspecto frágil fuera capaz de crear esculturas como la bella Sakountala. Empezó entonces una relación tormentosa, en la que Camille seguía perdidamente enamorada del hombre al que también odiaba por recibir reconocimiento público, constantes encargos y alabanzas en todas sus exposiciones, mientras ella no escapaba del cliché de alumna aventajada. 

El distanciamiento entre ambos terminó en ruptura en 1898 cuando Camille fue del todo consciente de que las promesas de amor de Rodin eran palabras vacías. Él nunca dejaría a su amada Rose, con la que terminaría casándose al final de sus días, traicionando a la desdichada Camille.

Empezó entonces un período obsesivo de creación del que nació una de sus esculturas más famosas, La edad madura, en la que aparece una figura femenina arrodillada agarrando a un hombre que se lo lleva una mujer adulta con rostro siniestro. Toda una alegoría de su existencia. 

Encerrada durante años en su piso, Camille Claudel terminó enloqueciendo. Hacia 1905 sus miedos empezaron a aflorar haciendo de ella una mujer demente que destruía todas sus creaciones sistemáticamente, entre ellas una serie de bustos infantiles en los que parece ser que habría enterrado su frustración por no haber podido ser madre. Años atrás había perdido un bebé cuyo padre, Rodin, habría obligado a abortar.


Sakountala


Cuando en 1913 fallecía su padre, Camille se sintió completamente sola. Su hermano, que estaba en la lejana China ejerciendo de diplomático no pudo consolarla ni salvarla de su trágico final. Un final al que la condujo su propia madre quien hizo ingresarla en el sanatorio de Ville-Evrad. El diagnóstico oficial fue manía persecutoria y delirios de grandeza. Las cartas descubiertas años después descubrieron a una mujer en su sano juicio que fue manipulada y maltratada por su entorno.

Camille Claudel terminó sus días en el sanatorio de Montdevergues, sola, aislada y olvidada por todos. El 19 de octubre de 1943 terminaba su larga penitencia, como ella misma lo calificó, de treinta años de reclusión injusta.

Auguste Rodin había fallecido muchos años antes, en 1917. Mientras su cuerpo descansa junto al de su amada Rose, su obra, paradójicamente, permanece junto a la de su amante Camille Claudel. El Museo Rodin es el que recoge el número más grande de obras de la escultora.

Fuente: Mujeres en la Historia

26 abr 2016

Inmortales de la Literatura: Pearl Buck




«Muchas personas se pierden las pequeñas alegrías
mientras aguardan la gran felicidad.»
─Pearl Buck






En buena tierra

Pearl Comfort Sydenstricker nació el 26 de julio de 1892 en Hillsboro, Tennesee, Estados Unidos. Hija de una pareja de misioneros presbiterianos, a los tres meses de haber macido fue llevada a la ciudad de Zhenjiang, en el curso norte del río Yangtsé, en la China. Allí, bajo la mirada atenta de su madre y de Mr. Wang, su tutor, creció y se educó. Aprendió tanto el inglés como el chino y, a los 19 años, después de estudiar en las escuelas misioneras y terminar la secundaria en un pensionado de Shanghai, Pearl se embarcó a los Estados Unidos para seguir la carrera de Filosofía en el Randolph-Macon College en Lynchburg, Virginia. En 1914, habiéndose ya graduado, regresó a la China, al enterarse de que su madre estaba enferma. Tres años más tarde conoció a John Lossing Buck, un joven misionero norteamericano con quien se casó casi inmediatamente, el 13 de mayo de 1917. Después del matrimonio, la pareja se trasladó hacia la empobrecida comunidad de Nanhsuchou, en la provincia de Anhwei, lugar donde padeció innumerables carencias. En 1921 nació Carol, quien pronto manifestó los primeros síntomas de retardo mental. Pearl se trasladó a los Estados Unidos para internarla en un servicio de cuidados especiales en Nueva Jersey y para someterse a una histerectomía, pues durantes el alumbramiento de su hija le había sido detectado un tumor en el útero. En 1926, tras completar un año de estudios de postgrado en Lengua y Literatura Inglesas en la Universidad de Cornell, regresó a China, esta vez a la ciudad de Nanking, donde ejerció, eventualmente, la docencia universitaria. En marzo de 1927, a raíz de una confusa y sangrienta revuelta, los Buck tuvieron que ser rescatados y evacuados, primero hacia Shanghai y, posteriormente, hacia Japón. No regresaron sino hasta el año siguiente, a pesar de que las condiciones eran aún inciertas y peligrosas.







Entre este y oeste


Pearl Buck empezó a publicar cuando aún radicaba en la China. Viento del este, viento de oeste (East Wind, West Wind), de 1930, su primer libro, fue recibido fríamente por la crítica; sin embargo, prefiguraba ya una gran sensibilidad y una aguda capacidad de observación. En 1931 salió a la luz La buena tierra (The Good earth), cuya exitosa acogida la convirtió, de la noche a la mañana, en una escritora de prestigio. La novela, premiada con el Pulitzer en 1932, fue adaptada como pieza dramática para Broadway y llevada al cine en 1937 por la Metro Goldwyn Mayer. Para entonces, la relación que sostenía con Richard J. Walsh, presidente de la editorias John Day Company, se había estrechado, lo que la llevó a tomar la decisión de divorciarse. Se casó por segunda vez el 11 de junio de 1935 y, desde entonces, se estableció definitivamente en los Estados Unidos. Su experiencia en China, donde la escritora era parte de una minoría blanca, tuvo una gran influencia en ella, no sólo en lo concerniente a la temática de su obra, sino también en su percepción de los problemas sociales derivados de la discriminación racial. Así, se convirtió en una de las principales defensoras de los derechos civiles de las minorías étnicas y de la mujer.


Después del exitoso recibimiento de La buena tierra, Pearl Buck publicó Hijos (Sons), de 1932, y La casa dividida (A House divided), de 1935, novelas con las que completó una trilogía en la que narra el ascenso y caída de una familia de campesinos de la China. En 1938, la Academia Sueca resolvió otorgarle el Premio Nóbel de Literatura, lo que la convirtió en la primera mujer norteamericana en recibir tal distinción. En sus trabajos posteriores, como El patriota (The Patriot), de 1939, y la Estirpe del dragón (Dragon seed), de 1942, conservó la misma temática política y social, siguió prefiriendo el desarrollo episódico a la complejidad estructural y mostró un escaso interés en el análisis psicológico. La modestia de sus trabajos finales contribuyó a opacar, quizás injustamente, el valor global de su obra. Como sea, Pearl Buck fue una de las más populares novelistas norteamericanas de su tiempo. Su obra, que consta de más de setenta títulos, heredera de la tradición naturalista decimonónica, congregó un conjunto de historias apasionantes y una galería de personajes memorables que cuestionaron permanentemente las relaciones raciales y sexuales de su época.
El 6 de marzo de 1973, poco antes de cumplir 81 años, Pearl Buck murió, víctima de cáncer al pulmón. Sus restos fueron sepultados en Green Hills Farm, su antigua granja ubicada en Filadelfia, donde pasara gran parte de su vida junto a sus seis hijos adoptivos, mientras administraba las organizaciones que fundó para fomentar la tolerancia y el respeto mutuo, y para ayudar a las personas menos afortunadas. (Roberto Benavides)

Obras más importantes
Novela

1930.
Viento del este, viento del oeste (East Wind, Est Wind)

1931. La buena tierra (The Good Earth)
1932. Hijos (Sons)
1935. Una casa dividida (A House divided)
1939. El patriota (The patriot)
1942. La estirpe del dragón (Dragon seed)
1946. El pabellón de las mujeres (Pavilion of Women)
1956. Mujer imperial (Imperial Woman)

Cuento


1975. East and West [Este y Oeste]

1976. Secrets of the Heart [Secretos del corazón]

Memorias


1950. El niño que no pudo crecer (The Child Who Never Grew)



Bibliografía:


Diario Expreso, Universidad Ricardo Palma. Colección escritores del siglo XX. Perú: Editorial Adobe. 
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