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17 nov 2017

«Gotas de fuego» de Doan Ortiz Zamora (selección de poemas)





TRES

las voces ya no se oyen
cayeron en el precipicio
más cercano
cual carcome al alma
en el extremo de tu túnica

se apodera de tu cuerpo
como lágrimas de verano
en el día de la blasfemia
donde quedaron los huesos
del animal hecho polvo

cruda quedó la inocencia
ya que no se la puede cocinar
en el perol de la angustia
cual canta sin cesar
en el bosque fresco de la noche


VOLVER AL TIEMPO

Despertar de un sueño
En un laberinto accidentado
De rastros precipitados

Fornicados por el miedo
Donde las más audaces cuerdas

Luchan por desenredarse
Y huir del nudo estrangulador
Conocer el abismo y
Viajar a un segundo antes
A atravesar tinieblas inesperadas
Limpiarse una vez más del escupitajo
Coger flechas rotas
Ubicarlas en el patio del vacío
Deshidratándose con fuego
Cuando queremos volver al tiempo


MÁS ALLÁ DEL HIELO

I

El ritmo es transversal
Como el grito de un pájaro
Que desmorona la piedra.

Agitando al sol
                        Desde su hemisferio.

Desde la cloaca
                         Todo es posible.

Hasta el rapto de un animal
Por sacudirse de la oscuridad.

II

Dormí con tus pétalos.

El día oscureció y encendió a la noche.

El Sol es un animal nocturno
En su redondez,
En su soberanía.

Déjame dibujar
Las notas sordas en tu espalda.

Sueño privilegiado.

                              Espíritu de Luna

III

¿Cómo sentenciar un acto?

No me he percatado
Cuándo se estrecha una mano
O se da un abrazo.

                            Será que he muerto a la vida.

                            Será que la hierba se ha inclinado.

En efecto, todo es un círculo
Formado por líneas rectas.

Seremos alguna vez lo que soñamos
O padeceremos siempre lo soñado.

IV

A qué velocidad
Alcanzar un zumbido de luz.

En mi constelación el hombre ofende al espacio
En la más mínima expresión de dolor.

No he acabado con este tiempo
De cruces en horas eternas,
Que se disuelven en el agua.

No he terminado con el cansancio
Del hombre;
Para tener una excusa
De contar una historia.

V

En simultáneo me siguieron esas voces del abismo, eran
frecuentes.

Calculaban los sentidos con las palpitaciones,
Y las jaulas sólo eran un horrible juego
Para las hojas secas.

El camino disperso era sordo y mudo.

                         Los planetas sentenciaban su embriago.

                         Al igual que un escarabajo en la tierra.
El hecho de vivir se hacía dominante
Y los versos escapaban de los poemas.

Sólo una sonrisa crecía en el espanto.




Doan Ortiz Zamora.- Nació en Cajamarca en 1988. Estudia Ingeniería de Sistemas en la Universidad Nacional de Cajamarca e integra el grupo literario Patio Azul y la Asociación de Poetas y Escritores de Cajamarca, APECAJ. Alimenta periódicamente Mandrágora Fértil, bitácora literaria de La Comunidad, del diario El País de España. Gotas de Fuego es su ópera prima.



4 nov 2017

«Nadie nos habita» de Lisset Orihuela Ascarza (Selección de poemas)




"es porque pude ver a Dios, cara a cara"
                                        Génesis 30:32



1.       

                En el principio nos resistimos a vivir
                                                  (Vivir es una daga
                                  hermoseando el cañaveral)

  El pezón de madre que no volvemos a probar
  La Incertidumbre                           La nostalgia
  Quédate                                                  Quédate


                                             Todo lo que vive,
                               vive bajo su propio riesgo

                               

¿Entonces, qué es vivir?
¿Qué es pedir un abrazo al mediodía?
¿Qué es que nadie te lo dé?
¿Tiene sentido?, se han preguntado todos
¿Y Dios? ¿Es una masa nebulosa de
polvo y fuego?
Nadie nos habita,
¿No lo ves?
Horus y Brahma no comparten
la glándula,
es de todos.
Todo lo que vive
vive bajo su propio riesgo

Todo lo que vive bajo tus pies, vive con riesgo
La mañana que amas tanto, vive bajo riesgo

El beso que te despierta...
A riesgo de seguir viviendo.
      

2.

Los ángeles
se vuelcan
bajo lámparas luminosas
sus alas esconden los átomos
que con pudor
producen dopamina
no nacen
no mueren
buscan a cada minuto
una mano que los sostenga

En la palma
le diremos que la amamos
sus
alas serán indecorosas
envolviendo nuestro cuerpo
y querremos reconocernos como uno
pero sin traspasarnos

Luego deshará todo
como si de un sueño se tratase
y se irá,
sabrás que se ha ido por los rastros de luz
que hay bajo tus 
no blancas
sábanas.


1.

Sé que me habitas en la severidad del mediodía
que ocupas los tres soles
en un solo atardecer

Sé que te acuerdas de mí
porque todos fuimos y seguimos siendo
polvo de estrellas
-al fin

al
cabo-
porque lejos hay una miel pensada
para todas las bocas
porque nos recuerdas que estamos 
bajo el mismo claustro
en silencio
porque nadie te explica
a ti
que también eres uno
como todos
como todo

Sin embargo sé quién me habita por dentro





Lisset Orihuela Ascarza (Ayacucho, Perú, 1994). Nací el 21 de abril en Huamanga, Ayacucho. Escribí este libro a los veintidós años, no tengo mucho qué agregar sobre mí misma que no se encuentre ya en este poemario. 

7 oct 2017

«Los abrazos largos» de Karina Valcárcel (Selección de poemas)





NATURALEZA

Escarbamos entre las piedras para llevarnos las caracolas
escogemos las más bonitas e intactas,
agradecemos la gratuidad de este mercado de recuerdos
y nos sentamos frente a nuestra manta salina
a contemplar las gaviotas.

Para nosotros sea esto quizá una casa,
la intemperie siempre nos viene bien,
contar los pasos entre puerto y puerto como una actividad maravillosa,
recoger piedras coloridas, redondas como planetas,
besarnos sin lengua, comer de un solo plato,
dormir por la tarde, soñar un solo sueño.

Así lo ha planeado la naturaleza para nosotros

eres tú un cangrejo ermitaño
y yo una caracola que crece
para ser siempre tu nueva casa.


CARTA DE EMILIE FLÖGE AL SEÑOR KLIMT 

Querido G:
de haber cruzado esa línea que ahora violo todo el tiempo,
quizá hoy estarías enredando tus dedos en mi cabello que se cae
todas las mañanas, todos los días.

Encontraríalos en las almohadas,
guardaríalos con peculiar ternura en un sobre,
como a un fajo de papel moneda.

Es probable que pensar en ti no sería más un bello hábito
sino algo que se pierde,
porque así es la cercanía
cuando la distancia no es suficiente
para mirarnos a los ojos
sin convertirnos en monstruos.

Te narraría la historia de los columpios,
reemplazaría el tenedor por el pincel,
caminaríamos todos los caminos
y aún agotados
escarbaríamos la última energía para hacernos el amor
y el amor se derrumbaría sobre nosotros
como una pila de naipes que pierde el equilibrio
y reconstruir sería
nuestro verbo favorito.

A veces lo imagino demasiado,
mi querido y lejano Gustav,
a veces lo imagino mientras no se detiene tu viaje
y ya no espero ni intento tejer.

Si nosotros, Gustav,
si nosotros fuéramos nosotros
todos ellos se pondrían azules y convulsionarían,
pero crecería más verde el pasto y el cielo de Lima
tornasolaría,
mitocondriaría,
encefalocaleidoscopiaría esto
en un listado infinito de planes
para nuestro futuro inexistente,
para nuestra casa hecha con retazos de sueños que se repiten,
sueños donde compramos brújulas por docenas

donde yo soy el norte
donde tú eres el norte

donde la aguja nos coloca en el mismo lugar para burlarse.


GENUFLEXIÓN

Abrirán tu corazón con una piedra,
eso no tendrá nada de raro

lo peculiar del asunto
estará
en la redondez del objeto
con el que crearán el surco
                                          / la llave esférica de una puerta que no existe
pero que fuerzan

y la que allanan

en la pampa dura de tu pecho.


Abrirán tu corazón
y dejarán entrar a todos los soldados

sedientos, decarán de dulzura
tu aorta,
escupirán el agrio bagazo
en los pisos ventriculares,
orinarán y reirán y serán idiotas pero felices

abrirán tu corazón
con esa grata y boba expectativa que generan los estrenos

y tu corazón
no será otra cosa que una piedra más,
redonda
                                             / como aquella con la que forzaron la entrada
y el roce
producirá
la habitual chispa

o una luz

o una llama

o un incendio

o un desastre natural

e incontrolable.




Karina Valcárcel (Lima, 1985). Escritora. Egresada de la carrera de Ciencias de la Comunicación, especializada en Periodismo. Es autora de los poemarios Poemas cotidianos, Una mancha en el colchón y Variaciones / Otros te[a]mores. Ha organizado encuentros literarios, ferias, recitales de poesía, entre otras actividades de gestión cultural. Textos suyos han aparecido en distintos medios impresos y virtuales de Argentina, Brasil, México, Chile y Perú; así como en las antologías Nueva antología peruana Post-Hora (2010), Rito Verbal: muestra de poesía peruana 2000-2010 (2012), entre otras. Actualmente se desempeña en el campo del periodismo cultural. Administra el blog karinavalcarcel.blogspot.com.

11 sept 2017

«Pájaro ebrio» de Alexánder Hilasaca (Selección de poemas)





Li Po:


Bebí en el alma de la vida las pocas lágrimas que escaparon de mi soledad. ¿Cómo decir una simple palabra que diga muerte, desamparo o desilusión? Por tanto, las arañas tejen en mi mente el canto de los grillos. Mi corazón ocioso se tendió de bruces y soñó con las murallas que recorren los inmensos océanos del amor. Yo he perdido mil amantes por mis atavíos desmoralizados, por haber tomado de tu copa las monedas para comprar el pasado que no viví. Me muero con la tristeza pura del arroyo que cae como un suicida en la noche.


Edgar Allan Poe:


La playa ha renunciado al mar, ha cortado el hito de las fronteras y se colgó con la cuerda con que ataba sus penas. Así mueren las cosas en este mundo. Para vaciar los continentes del pecho es mejor matar la semilla de las aves y volver a los albores a gran velocidad, como una lluvia desesperada por caer para crear una sombra empapada de sombra. Viejo ruiseñor de cera, este nido pertenece al oleaje de las costas que oscilan las furias del gemido rarificado en este vaivén amargo. Me encerraron en la llama de la locura, mi pobre ilusión se plantó como un álamo podrido en los himnos del desierto y le crecieron alas al vacío de mi refugio. ¿Qué aventura me espera en los sortilegios de las regiones indivisibles? ¿Qué flor o agua lavará mis heridas y mis vísceras llenas de pólvora? ¿Quién es quién en mi cráneo forjado por los cuervos?


Enero


A los 18 años a uno le echan de casa por llevar más cicatrices que la luna, por escupirle al viento con la furia de las palabras y lamerse el pecho como el gato solitario que ama la noche. Lejos de la ciudad, a uno le hacen creer que es un pájaro, un poeta, un paria o simplemente un cadáver floreciendo en los olores de la calle. En el descenso de las madrugadas empezamos a odiar sin explicación, la casa, la ciudad y la gente.

A esa edad soñamos con escribirle a las estrellas y a las luciérnagas con el fuego de los dragones épicos, huyendo de no sé qué, pero huimos a cada instante en que la pena se apodera de nuestro cuerpo. Nos deprimimos de la nada y por esa nada dejamos de comer frutas. Otra vez, escapando como Ulises, perdidos en el mar, buscamos el planeta de los cíclopes, el astro de los brujos, la metáfora del caos.

A los 18 años no sé qué buscamos ni sé para qué vivimos, pero vivimos a fondo como un claro ejemplo de héroes populares luchando contra los molinos de viento. Todos buscamos la bendición y el perdón de nuestros padres.


Abril


A los 22 años escribimos una carta para ella y decimos: «Qué estúpido es el amor». En agosto, el viento sopla el humo del hígado y clausuramos la soledad. Damos pena a los trenes que se van a gran velocidad sin voltear atrás, bajo los bolsillos los piojos sonríen como payasos natos. Escribimos otra vez para ella atrapando el olvido con los dientes incisivos; nos crece un hueso en el corazón y no queda tiempo sino para escribir el mugido trémulo de su nombre.


Palabras de un filibustero


Mi historia es la de un foraja que espera encender tu ignorancia y no digas «poeta» porque no lo soy. Yo soy un libro rayado que abraza la muerte y la soledad. Mientras tanto, déjame ser la autopista de tus ojos.



Lo que necesito es el infierno


«Un vaso de cerveza, 
una piedra, una nube,
la sonrisa de un ciego
y el milagro increíble
de estar de pie en la tierra».

Jorge Teillier

[Prohibido fumar en el espacio azul de las penas]

Yo elijo la tierra
donde pongo a reclinar mis presagios,
esa es la forma de ver los barcos:
silbando espinas de arena
que penetran el cacareo afónico de las costas.
Recostado en las pupilas de las heridas abiertas
voy lanzando los adjetivos, los sustantivos y las piedras
que son palabras también para decir te quiero.
Si digo «bálsamo», a los lagartos se les caen las garras.
Si digo «perro», a mi prójimo le escupen en la espalda.
La poesía zozobrada por tu vocabulario
es el escándalo de rasgarse las plumas y quitarse
uno a uno los musgos flotantes del lenguaje.
Las oraciones que llevaban los marineros
en sus pipas llegaron más lejos del territorio
que yo había elegido para enterrar las profecías de mi
orfandad.
Los higos que fui comiendo tenían un sabor infernal
como el veneno de las culebras.
Nunca descifré esos silencios que poblaron tu vejez.
Aquí, en esta tierra, yo elijo la aguja y el hilo
para coser la herida abierta de tu ternura.
El resto es una farsa que los filósofos inventaron
a manera de engañar a los sapos que llegan con la lluvia,
a los migrantes de la tribu que huyen de la fiesta
y se llevan los sordos aplausos.
Para aquellos que aman mi pellejo imberbe,
solo puedo vomitar estos versos incandescentes.
La vida solo es verdad cuando estoy en mi naturaleza
animal.
¡Qué pobre estoy que combato contra toda estupidez
humana!
Toda verdad es diabólica y oscura, he dicho,
como la noche donde escondo mi sensatez;
ahora que te escribo
recogiendo el moho de mi súplica
como limosnero de estrellas
a quien se le cayó la memoria.






Alexánder Hilasaca. Nació en Puno. Forma parte de la asociación cultural Huajsapata y del círculo Escribidores. Es autor de los poemarios Mmemorias de una verga (edición del autor, 2010), Trece lascivas perversiones (Checca Ediciones, 2011), Defe-caciones (Laykakota Cartonera, 2014), Para maldecir violetas (Rupestre Ediciones, 2015). Ha sido merecedor de algunos premios nacionales y regionales. Actualmente se dedica al ocio de la lectura y escritura, tratando de adaptarse a este mundo moderno.



9 sept 2017

«La vida y el corcel. Poemas» de Diego Miró Quesada Mejía (Selección de poemas)




Conocimiento melancólico

El hombre conoció 
la melancolía.
Pronto,
la vida será tan fría
como el hierro.
Hibernarán
las llagas del olvido.

La muerte me adiestra
en la mañana,
por la tarde,
en las noches
sin término.
La fiereza del viento
se enrosca en mis entrañas.


La hermosura de una flor

La hermosura de una flor
o el cielo despejado.
Júpiter y Venus
sujetan al Sol.
Solo una estrella ilumina la noche.

La hermosura de una flor,
sus pétalos, cuadro
perfecto. Su tallo, viejo
pincel del artista.

La hermosura de una flor
germina lentamente
en mis sueños extraños.


Fumigación

Fumigado por sus propios habitantes,
el país no sobrevivirá. Palpita
mi corazón desamparado.
Se ilumina el rostro
de los hombres
en septiembre.
Un extraño personaje
aguarda en la eternidad.


Esencia

Soy la elevación del monte
que por azar no ama ni odia.
Alguien armó un muñeco torpe
y fue su afán dejarlo olvidado.

Soy la piedra,
la sed de los arbustos,
el patriótico peinado
de Vallejo en mis poemas.

Soy Platón,
la lírica o simplemente
el amor; Heráclito
y el logos, la filosofía
y su certeza absurda.

Soy la creación,
la musa inspiradora,
el amor propio y ajeno,
la guitarra y su encanto
desgarrado.

Soy Dios,
la profecía
de mi propia
vida. La soledad
de polvo y llanto
calcinará su cartucho
postrero.


Cuando caiga mi alma, abuelo Paco...

Cuando caiga mi alma, abuelo Paco,
no sé si recobraré la luz del camino,
aquella que alumbraba también mi corazón.

Cuando caiga mi alma abuelo Paco,
un cúmulo de dudas me ofuscará.
Tú resplandecerás a mi espalda
tal vez muerto, enterrado en la luz
de una esperanza.

Volveré a gritar, mi habla a oscurecer
detrás de la mañana, al lado
de la mujer que sonríe
siempre enamorada.
Moriré, resucitaré,
como las musas 
que en sueños
anunciaban
la melancolía.

Cuando caiga mi alma, abuelo Paco,
la tarde y la paloma se elevarán,
cruzarán los mares,
los espejos obscuros
y el orden cenital.






Diego Miró Quesada Mejía (Lima, 1986). Poeta y narrador. Su generación, a la que nunca se adscribió, lo ha visto discurrir libre y discretamente, tratando de ignorar el juicio de aquellos que se encumbran a sí mismos como "los amos de la vocación poética". Su interés por la disciplina filosófica lo ha llevado a plantearse en sus obras poéticas preguntas sobre Dios, el lenguaje, la existencia y la eternidad. Sin embargo, como todo artista comprometido con su tiempo, aborda también el marco social y la realidad de su país. En La vida y el corcel. Poemas, Miró Quesada presenta un mundo convulso y controversial. En este escenario los sujetos se muestran alienados e incapaces de hallar una razón que los integre con la vida. En ocasiones, en las que aborda el tema familiar, rescata su paz espiritual. Lucha porque esta felicidad persista, pero al instante se evanesce. Miró Quesada guía su discurso poético con profunda lucidez. Su retórica, en la que mezcla experiencia emocional, ironía penetrante, sensibilidad a flor de piel, todo extrañamente junto, nos revela lo más hondo de nuestra condición humana. La vida y el corcel. Poemas adviene jubiloso después de seis años, fecha en la que el autor publica su primer poemario: Renacer (Lima, 2011), y al que siguieron el volumen de cuentos Los Tres Reinos (Lima, 2012) y su obra poética De Dios, del hombre y de otros poemas (Lima, 2013).


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